La economía todavía no despega como esperaba el Gobierno, el consumo golpea el bolsillo y miles de argentinos siguen haciendo malabares para llegar a fin de mes. Pero hay una verdad incómoda que no puede quedar fuera del debate: los problemas del presente no convierten en buena alternativa a un modelo que dejó una pesada herencia económica.
Demi Ley reconoció que la economía no crece al ritmo esperado. Y el análisis del economista Daniel Artana pone sobre la mesa una preocupación que va más allá de los indicadores: ¿qué pasa si la Argentina vuelve a caer en las recetas que tantas veces terminaron en crisis?
La incertidumbre no es gratuita. Cuando dirigentes opositores plantean reestructurar la deuda o revisar proyectos de inversión aprobados bajo el RIGI, la señal hacia quienes podrían invertir en el país es inquietante. ¿Quién arriesgará millones de dólares si teme que las reglas cambien con el próximo gobierno?
EL KIRCHNERISMO DEBERÍA EXPLICAR POR QUÉ FRACASÓ ANTES DE PROMETER QUE ESTA VEZ SERÁ DIFERENTE
La Argentina no llegó a su crisis por casualidad. En diciembre de 2023, el gobierno de Alberto Fernández terminó con una inflación interanual del 211,4% y una suba mensual del 25,5%. El deterioro del poder adquisitivo, los desequilibrios fiscales y la pérdida de confianza fueron parte de aquella realidad.
¿Dónde está la autocrítica? ¿Qué aprendió el kirchnerismo de esos resultados? ¿Con qué recursos financiaría sus promesas sin volver a alimentar los desequilibrios que después pagan los ciudadanos?
No alcanza con denunciar el ajuste de Milei, señalar las dificultades sociales o aprovechar el malestar de quienes hoy sufren. Una oposición responsable debe explicar cómo haría las cosas de otra manera. Y, sobre todo, por qué sus soluciones no terminarían reproduciendo los problemas que dejaron sus propias gestiones.
EL PROBLEMA ES QUE MUCHOS CONFUNDEN EL COSTO DEL CAMBIO CON LA SOLUCIÓN DE VOLVER AL PASADO
Sería absurdo negar las dificultades actuales. La caída del consumo, los problemas de la industria, el freno de la construcción y las dificultades para conseguir empleo son señales que el Gobierno debe atender. La estabilidad no alcanza si no termina traduciéndose en trabajo, mejores ingresos y oportunidades concretas.
Milei tiene que demostrar que su programa puede llevar al país hacia el crecimiento sostenido. No tiene un cheque en blanco. Pero tampoco es razonable suponer que la respuesta consiste en abandonar el equilibrio fiscal, debilitar la confianza o volver a un esquema que ya mostró sus límites.
La Argentina necesita inversión, productividad, crédito, empleo privado y reglas previsibles. Necesita dejar de gastar sistemáticamente más de lo que puede financiar y de creer que el Estado puede resolverlo todo con recursos que no tiene.
La riqueza no se crea por decreto ni los salarios mejoran de manera permanente por decisión política. Se necesita producir más, invertir y generar empleos capaces de sostener una mejora real de la calidad de vida.
EL VERDADERO DESPROPÓSITO ES NO APRENDER DE LOS PROPIOS ERRORES
El kirchnerismo puede defender sus ideas, cuestionar al Gobierno y presentar candidatos. Eso forma parte de la democracia. Lo inadmisible es pretender recuperar el poder sin ofrecer una explicación convincente sobre los resultados de su pasado y sin garantizar que no repetirá las mismas recetas.
La Argentina no puede vivir condenada a empezar de nuevo cada cuatro años, mientras cambian los gobiernos, se alteran las reglas y las oportunidades vuelven a escaparse.
El Gobierno de Milei deberá responder por lo que haga o deje de hacer. Si la estabilidad no llega al bolsillo de los argentinos, tendrá que corregir. Pero la oposición también debe responder por lo que hizo cuando tuvo la responsabilidad de gobernar.
Porque el debate no es entre quienes sufren y quienes no sufren. Es entre un país que intenta construir bases económicas sostenibles y la posibilidad de regresar a una dinámica de desequilibrios, desconfianza y crisis recurrentes.
LA PREGUNTA QUE EL KIRCHNERISMO NO PUEDE SEGUIR EVADIENDO ES SIMPLE: SI SU MODELO ERA TAN BUENO, ¿POR QUÉ DEJÓ A LA ARGENTINA EN SEMEJANTE SITUACIÓN?
Los argentinos tienen derecho a exigir resultados inmediatos, pero también necesitan mirar más allá de la urgencia cotidiana. El desafío es comprender que no todo lo que alivia hoy construye futuro, y que no toda dificultad del presente justifica regresar al pasado.
La Argentina no necesita otro relato que prometa soluciones mágicas. Necesita dirigentes capaces de reconocer errores, respetar reglas y entender que gobernar no consiste en repartir promesas, sino en crear las condiciones para que una sociedad pueda progresar.
El país necesita cambiar. Y si el kirchnerismo no aprendió de sus errores, volver a entregarle el rumbo sería insistir en una historia que los argentinos ya conocen demasiado bien.

Por Alejandro Monzón






