Oscar Angélico es el encargado de la estación de servicio de Cañadón Seco. Sin embargo, pocos saben que también es un amante de la historia, escritor y nadador, entre otras cualidades. En marzo de 2019, este hombre nacido en Concordia, Entre Ríos y radicado en el poblado vecino a Caleta Olivia, decidió cumplir un reto y cruzar a nado el estrecho San Carlos. Historia de un hombre que ha visto el mundo desde la superficie del mar, su profundidad, pero también desde el cielo, y que asegura que «si uno no olvida el objetivo y va detrás de sus sueños, en algún momento lo puede cumplir».
De la calidez del río al frío de la Patagonia
Oscar en la actualidad tiene 50 años y nació en Concordia, Entre Ríos. El Río Uruguay fue el lugar donde aprendió a nadar y más de grande siguió sembrando experiencia en el Río Paraná, ya viviendo en Rosario.
Cuando se mudó a Buenos Aires tuvo que seguir, nadar en pileta. Por ese entonces ya era cinturón negro de karate, actividad que comenzó a realizar a los 6 años y que lo llevó a su primera incursión en el agua.

Su llegada al sur de la Patagonia, primero a Río Turbio y luego a Cañadón Seco, fue la oportunidad para nadar en el frío mar de la región y el paso previo para animarse a nadar en las islas. Con la emoción en sus palabras, Oscar asegura que nadar en Malvinas «fue una experiencia indescriptible, una cosa hermosa».
Una aventura bien argentina
La travesía la realizó en marzo de 2023 con una empresa que se dedica a ese tipo de aventuras. Un ofrecimiento fue la invitación a cumplir su sueño de conocer las islas: aquel lugar del que tanto había leído por su pasión por la historia.
La aventura comenzó en el Aeropuerto de Río Gallegos. El sábado 9 voló a territorio argentino usurpado por el Reino Unido. Por orgullo y para no reconocer la soberanía inglesa utilizó el pasaporte italiano que había sacado unos años antes.
Una vez en Malvinas, junto a la nadadora de aguas abiertas Cristina Ganem, se instalaron en el Ypake II y zarparon a Puerto San Carlos, donde se prepararon para la travesía.
Acompañados por el capitán del barco, el nadador de rescate y la guardavidas, en San Carlos hicieron aclimatación, visitaron playa Elefante, donde otro de los invitados hizo kitesurf, y tuvieron contacto con isleños.
El clima vaticinaba que el miércoles sería el día ideal para el cruce y lo hicieron en el momento de la estoa, cuando la corriente casi desaparece.
«Salimos de la Isla Gran Malvinas y llegamos a la Isla Soledad. Yo tenía planeado hacer entre 1:50:00 y 2:10:00 para hacer el cruce y hacer alguna hidratación en el medio. Pero lo hice en 1:23:00 y nadé 5.100 metros porque la deriva me fue corriendo. Realmente pensé que había sacado mal el tiempo, pero lo corroboramos y no», recuerda Oscar, orgulloso.
Tras la travesía, el equipo volvió a Puerto Argentino y visitó el Cementerio de Darwin, donde descansan los caídos en Malvinas. El momento fue emotivo, único, la mejor forma de rendirles homenaje.

Luego se dedicaron a conocer el pueblo y otros puntos que todo argentino debe visitar cuando llega a suelo malvinense.
La pregunta que surge es: ¿qué lo motivó a conocer Malvinas? Y la respuesta está pegada a su otra pasión: la historia.
«Siempre me gustaron mucho las luchas por la Independencia, de hecho, soy historiador e investigador de la historia de San Martín, y bueno, la Guerra de Malvinas ocupó un capítulo en lo que decidí estudiar como autodidacta. Hice el Cruce de los Andes a lomo de mula en tres ocasiones y ahí tomé contacto con varios veteranos de guerra con los que mantengo una amistad, y decidí allá por 2005 o 2006 ir a visitar Malvinas. Empecé a tramitar mi pasaporte italiano porque no quería ir a Malvinas con mi pasaporte argentino; consideraba que era una suerte de reconocimiento a su ejercicio de soberanía utilizar el pasaporte argentino, y por suerte se dio de esta manera», resume sobre esta aventura.

Tras cumplir ese objetivo, Oscar se propuso otro duro reto: intentar cruzar con un compañero el estrecho de Gibraltar para unir África con Europa. Sin embargo, la pandemia del coronavirus suspendió todo.
Para Oscar, la cancelación del viaje fue una desilusión, pero no significa la suspensión de su objetivo. Como dice, hay que ir detrás de los sueños. «Siempre en las charlas que doy en escuelas o con entidades me gusta transmitir que uno no tiene que quedarse con ganas de hacer las cosas, simplemente tiene que ponerle las pilas y programarlo. A lo mejor no va a ser en un año o dos, pero si uno no olvida el objetivo y va detrás de sus sueños, en algún momento lo puede cumplir», sentenció este hombre que, por sus hazañas, ha sido reconocido por el Senado y nominado al premio René Favaloro.
Recuerdo: Analisis Litoral