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OCTUBRE CALIENTE, DICIEMBRE EN EL HORIZONTE: ¿CONFLICTO SOCIAL O DISPUTA POR EL PODER?

Entretenimiento de costa a costa

La oposición vuelve a las calles, los sindicatos se movilizan y el Congreso se convierte en otro escenario de confrontación. La historia argentina ofrece antecedentes que obligan a mirar con atención, aunque sin confundir las protestas legítimas con posibles estrategias de desgaste político.

A medida que octubre avanza y diciembre se aproxima, la política argentina vuelve a mostrar una escena conocida: sectores opositores, organizaciones sindicales y movimientos sociales que confluyen en sus cuestionamientos al Gobierno de Javier Milei.

La movilización anunciada para este 15 de octubre frente al Congreso, impulsada por las CTA y acompañada por distintos sectores, confirma la articulación de reclamos sociales y políticos. ¿Se trata exclusivamente de demandas sectoriales o también existe una estrategia para desgastar al Gobierno? Es una pregunta válida, aunque demostrar un plan destituyente requiere pruebas concretas.

La historia argentina invita a no ignorar estas tensiones. En 1989, la hiperinflación y el deterioro económico precipitaron la salida anticipada de Raúl Alfonsín. En diciembre de 2001, la recesión, el desempleo, el corralito y la pérdida de legitimidad política desembocaron en una crisis institucional que terminó con la renuncia de Fernando de la Rúa.

Fueron procesos complejos, con múltiples causas y responsabilidades. No pueden reducirse a una conspiración, pero tampoco deberían olvidarse las consecuencias de una dirigencia incapaz de encauzar los conflictos.

¿Un trabajo de pinzas políticas?

La presión simultánea desde el Congreso, los sindicatos y las organizaciones sociales alimenta la discusión sobre una posible estrategia coordinada para debilitar al oficialismo. La articulación de algunos sectores es verificable; que todos respondan a un plan destituyente es una afirmación que necesita evidencias adicionales.

También es posible que existan reclamos genuinos y que, al mismo tiempo, determinados dirigentes busquen capitalizar el descontento para recuperar espacios de poder. Una cosa no excluye necesariamente la otra.

Pero la memoria colectiva también debe alcanzar a quienes gobernaron durante décadas. Ningún partido puede borrar sus antecedentes ni atribuir todos los problemas nacionales a la administración de turno. La inflación, la deuda, la fragilidad del empleo y las dificultades económicas atraviesan distintos períodos de nuestra historia, aunque sus causas y dimensiones hayan variado.

Esto tampoco exime al Gobierno actual de responder por sus decisiones.

La Argentina, entre la protesta y la responsabilidad

Los ciudadanos tienen derecho a reclamar, los sindicatos a defender a sus representados y la oposición a controlar al Gobierno. Pero todos tienen también la responsabilidad de respetar las reglas democráticas.

No corresponde considerar conspirador a todo aquel que protesta, ni suponer que cualquier movilización representa automáticamente la voluntad de toda la sociedad. Del mismo modo, si existen indicios de maniobras destinadas a quebrar el orden constitucional, deben investigarse con seriedad y transparencia.

Diciembre todavía no llegó. La historia no obliga a repetir 1989 ni 2001, pero sí recuerda que las crisis se agravan cuando la confrontación reemplaza al diálogo y los intereses partidarios se imponen sobre las necesidades de la población.

La Argentina no pertenece a un Gobierno, a una oposición ni a una dirigencia que aspira a recuperar el poder. Pertenece a sus ciudadanos. Son ellos quienes, mediante el voto, las instituciones y la participación democrática, deben tener la última palabra.

Porque el verdadero problema no es que existan conflictos, sino que algunos dirigentes puedan encontrar más beneficios en alimentarlos que en resolverlos.

Analisis Litoral