CONCORDIA 2055 | Ideas para construir la ciudad del futuro
La economía de Concordia atraviesa uno de sus momentos más complejos y la última encuesta del Centro de Comercio, Industria y Servicios no hace más que confirmar una realidad que desde Análisis Litoral venimos señalando desde hace tiempo: la ciudad enfrenta un problema estructural que excede la coyuntura comercial.
Los números del Centro de Comercio revelan mucho más que una caída de ventas: muestran el agotamiento del modelo económico de la ciudad.
Cada encuesta deja datos. Pero algunas dejan, además, un mensaje que va mucho más allá de los porcentajes. La publicada por el Centro de Comercio, Industria y Servicios de Concordia no es solamente una fotografía de la actividad económica durante el primer semestre de 2026. Es, probablemente, el diagnóstico más claro de una realidad que desde Análisis Litoral venimos señalando desde hace tiempo.
Con demasiada frecuencia, el debate público se concentra en las consecuencias y no en las causas. Se habla de la caída de las ventas, del cierre de comercios, de la pérdida de rentabilidad, de los despidos o de la presión impositiva. Todo eso es real. Todo eso preocupa. Pero la pregunta de fondo sigue sin aparecer: ¿por qué una ciudad con semejante potencial continúa atrapada en un ciclo permanente de estancamiento?
Los números son elocuentes. Casi siete de cada diez empresas reconocen que vendieron menos que hace un año. También siete de cada diez afirman que su rentabilidad empeoró. La mitad identifica a la caída de las ventas como el principal problema de su actividad y casi el 74% reclama una reducción de la presión fiscal. Sin embargo, detrás de esos datos aparece otro mucho más significativo: la economía local continúa dependiendo casi exclusivamente del consumo interno.
Y allí comienza el verdadero problema.
Cuando una ciudad basa su crecimiento únicamente en el mercado local, cualquier retracción del consumo provoca un efecto dominó sobre toda la economía. Comercios, industrias, servicios y profesionales terminan compitiendo por una demanda que cada vez tiene menor capacidad de compra. Es un círculo vicioso que Concordia conoce demasiado bien.
Lo llamativo es que la propia encuesta deja entrever esa limitación. Apenas un reducido porcentaje de los empresarios considera prioritario acceder a nuevos mercados internacionales, mientras que el intercambio comercial con Uruguay tiene una incidencia prácticamente nula para la mayoría de las empresas consultadas. Resulta difícil comprender semejante desconexión en una ciudad ubicada sobre un puente internacional, dentro del corredor del Mercosur y con una producción regional que ya exporta al mundo.
Esto no significa desconocer los problemas cotidianos que enfrentan las pymes. La presión impositiva existe. El costo de la energía preocupa. El acceso al financiamiento sigue siendo limitado. Pero ninguna ciudad cambió su destino únicamente bajando impuestos. Las ciudades que lograron desarrollarse lo hicieron porque construyeron una estrategia productiva, fortalecieron su infraestructura logística, promovieron la innovación y generaron condiciones para que las empresas pudieran crecer más allá de su mercado local.
Precisamente esa es la discusión que Concordia todavía no se anima a dar.
Desde hace años, Análisis Litoral viene sosteniendo que la ciudad necesita mucho más que medidas de coyuntura. Necesita un verdadero Plan Estratégico Productivo, capaz de definir hacia dónde quiere ir durante las próximas tres décadas. Un proyecto que trascienda gobiernos, partidos políticos y períodos electorales, y que involucre al Estado, al sector privado, a las universidades y a las instituciones intermedias.
La encuesta también deja señales que invitan al optimismo. Más de la mitad de las empresas realizaron inversiones durante el último año y un porcentaje similar planea seguir invirtiendo en los próximos meses. Es decir, el empresariado no ha perdido la voluntad de apostar por Concordia. Lo que necesita es un horizonte claro, reglas estables y una ciudad que deje de administrar urgencias para comenzar a construir oportunidades.
Hay otro dato que no debería pasar inadvertido. Mientras se discuten los despidos en el sector público, el 27,8% de las empresas anticipa que reducirá personal en los próximos meses y apenas un 8,7% prevé incorporar trabajadores. Esto confirma que el empleo privado tampoco encuentra condiciones para expandirse. La consecuencia es evidente: si el Estado reduce su planta y el sector privado no puede absorber esa mano de obra, la pobreza seguirá creciendo.
Por eso insistimos en que el debate no puede agotarse en el ajuste del gasto público ni en la presión tributaria. La verdadera discusión es cómo generar una economía capaz de crear empleo genuino, atraer inversiones y exportar más.
Concordia posee recursos naturales, producción agroindustrial, universidades, capital humano, un puerto, un aeropuerto recientemente renovado y una ubicación geográfica privilegiada. Lo que no tiene es un proyecto común que articule todas esas fortalezas en una misma dirección.
La encuesta del Centro de Comercio no hace más que confirmar esa realidad.
No estamos frente a una simple crisis comercial.
Estamos frente al agotamiento de un modelo económico que hace décadas dejó de ofrecer respuestas.
Y cuanto más tiempo posterguemos esta discusión, más difícil será abandonar el triste lugar que Concordia ocupa desde hace años entre las ciudades con mayores índices de pobreza del país.
Quizás haya llegado el momento de dejar de preguntarnos por qué caen las ventas y empezar a preguntarnos algo mucho más importante:
¿Qué ciudad queremos construir para que dentro de diez, veinte o treinta años nuestros comercios, nuestras industrias y nuestros jóvenes ya no dependan únicamente del consumo local para crecer?
Porque las encuestas sirven para medir el presente.
Pero las grandes decisiones se toman pensando en el futuro.
Los porcentajes de esta encuesta describen la realidad de hoy. La ausencia de un proyecto productivo explica por qué esa realidad se repite desde hace décadas. El desafío ya no es interpretar los números. El desafío es animarse, de una vez por todas, a cambiar el modelo.

Por : Alejandro Monzon para https://www.analisislitoral.com.ar/





























