El Xeneize perdió con Vasco da Gama 1-0 en la ida de las semis de la Sudamericana: jugó media hora con uno más.
Entre las esperanzas que le quedan a Boca para jugar la final de la Copa Sudamericana hay una que es irrebatible: a los 180 minutos contra Vasco da Gama le quedan aún 90. Eso, alguna salvada milagrosa del arco rival en empujes aéreos y poco más -si se mide por el 0-1 final– será rescatable de la noche en la que la Bombonera volvió a asistir a una derrota clave, a ver perder al equipo del Vasco (DT) Arruabarrena después de 17 partidos invicto y por primera vez en el ciclo. Por el resto, lo que hay que contar es una crónica anunciada de una ausencia, la de Leandro Paredes, que cambia el foco de esta etapa decisiva del año xeneize.
Boca salió con ganas, vale decirlo. Con el ímpetu de un Enner Valencia que sorprendió en su titularidad y que al ganar de arriba la primera disputa pareció darle la razón al entrenador por ponerlo en el lugar de Merentiel. Ese cambio y los obligados de Alarcón por Paredes y de Palacios por quien sea que se considere dentro del 11 ideal -de este conjunto al que esta vez le costó disimular tantas ausencias– fueron las variantes que intentaron tocar poco pero que dejaron un abismo en la imagen de lo que venía mostrando regularmente.
Porque en posicionamiento, está claro, el dibujo se puede parecer al de los últimos buenos tiempos del equipo. Aunque con la pelota en movimiento, la diferencia de intérpretes se hizo notoria con el transcurrir de los minutos. Faltaron voz de mando en el medio, mucho de cerebro y más aún de orden táctico: ese tres en uno que suele aportar el capitán, además de la clase para hacer jugar a sus compañeros. Repartidas por necesidad, quien asumió gran parte de esas responsabilidades fue Milton Delgado. Y aunque no se le puede reprochar nada, es indudable que tanto lo terminaba desordenando en su aporte principal que es el de ser la rueda de auxilio de todos.
Vasco (el rival) no tardó mucho en empezar a dominar el trámite, con la simple receta de jugar bien y tener buenos jugadores. Una obviedad, sí, pero que empezó siendo tenencia de pelota, pronto se tradujo en peligro y -promediando la primera etapa- terminó en un merecido gol cuando la flecha Andrés Gomez le acertó un centro a Adson, quien anticipó a Jagger Herrera y le cambió el palo a Montero.
El resto de esa etapa fue casi como ver a Boca convertido en un espejismo de lo que llegó siendo a este partido. Ya Santiago Sosa y Alan Lescano hablaban tanto portugués para liderar a sus compañeros como el idioma que necesitaban para plantarse en una Bombonera que asumía la desilusión de estar viviendo una película muy repetida últimamente. Por la impotencia, pero más aún porque a Flores la pelota se le escapaba sin marca, sólo por dar un ejemplo de individualidades lejos de su nivel.
Ese desconcierto Boca lo mejoró con orden y algo del cansancio (o de la desaceleración) de su rival. Hubo buenas escaladas en ese comienzo del complemento, centros precisos con remates que no terminaban de cambiar la suerte, hasta que uno de esos envíos -en modo venenoso- de Lautaro Blanco se fue cerrando hasta que lo salvó el travesaño. Desde ahí, el local se sintió cerca del empate, y empezó a ir de verdad. Un cabezazo de Di Lollo, otro de Herrera, la variante que fue duda en la semana (Villa por Alarcón) y el cambio definitivo en el rumbo del partido: la expulsión de Gómez, por dos amarillas en una misma acción.
¿Qué cambió desde ahí? Más que nada, la actitud de Vasco, que si ya estaba en actitud expectante directamente se convirtió en un equipo replegado, dispuesto a resistir las pocas ideas de Boca. Las de Arruabarrena no fueron más que las lógicas desde ahí: plagó la cancha de delanteros, para intentar lo que ya en los últimos minutos podía tildarse de milagro. Y sin que el equipo contagiara en algún momento, de a poco las chances se fueron acumulando y -aunque el empate tuvo que haber llegado- no fue el mismo equipo de estos meses, por Paredes y algo más. Tal vez ese algo que deba cambiar antes de jugar la revancha si quiere terminar jugando la final.






